¿Y tú jugador qué objetivos tienes?

Empiezan las temporadas de los distintos deportes, principalmente de los deportes de equipo aunque muchos individuales también se reactivan tras el verano. Eso quiere decir volver a entrenar con compañeros y compañeras, incorporar a esos entrenamientos a las nuevas incorporaciones. Empiezas a escuchar a tus entrenadores hablar de objetivos de equipo y de comprometerse con ellos para lograr el éxito. Compromiso, una de esas bonitas palabras que pensamos que los otros entienden de la misma forma que nosotros. Incluso puedes tener entrenadores (pienso que cada vez más) que te preguntan por tus objetivos individuales. Incluso puede ser que por tus objetivos más allá del deporte como puede ser en la parte educativa.

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Todo esto está muy bien. Pero avanza la temporada y ves que nadie vuelve a preguntarte por tus objetivos personales. Bueno, siempre está la excepción cuando las cosas no van como se esperaban. En deportes de equipo tu aportación no es la esperada o los resultados del equipo tampoco son los que se querían, por lo general. En individuales puede variar algo más ya que suele existir un seguimiento más personalizado, pero si lo deportivo funciona se entiende que todo funciona. Error y grande por parte de los entrenadores. Error y enorme por parte del jugador.

Como jugador o jugadora, tú tienes tus objetivos ya que eres una persona por más que formes parte de un equipo o no. Incluso aunque compartas, y ayuda mucho, los objetivos del equipo, tienes los tuyos propios. Con ellos si debes estar comprometido al máximo, al margen de que tu entrenador se acuerde de ellos o no, y esto no te hace ser una persona egoísta ni mucho menos. Te hace ser una persona que busca sus propias metas y lucha por lograrlas.

Eso sí, hay una serie de cosas que tienes que tener en cuenta para que esto sea realmente bueno para ti. El cómo te dices a ti mismo esos objetivos seguramente es por donde empieza todo. No es tan fácil como parece y muchas veces escogemos palabras que ya directamente no nos ayudan a lograr ese objetivo. Decírtelo de la mejor forma posible y expresarlo de la misma forma es un paso básico para que el proceso necesario para lograr el objetivo, que es lo más importante, se pueda dar. No hay fórmulas mágicas, por más que te las vendan. Una palabra que a uno motiva a otro no le hace ni fu ni fa. Cada uno tiene su forma de hablarse y de hablar, se puede cambiar pero tienes que saber por qué y para qué y también tienen que ser congruente contigo mismo.

Ahora respóndete la pregunta que da título a este escrito. Una vez lo hagas, hazte esta otra: ¿es esta la mejor forma en que me lo puedo decir a mí mismo? Y plantéate diversas opciones si es que no lo has hecho antes. Estoy convencido en que cuando encuentres esa forma de formularte tus objetivos, notarás que tus opciones de lograrlos son más grandes.

¿A qué esperas? ¿Te atreves a descubrir cómo hablarte?

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La hora de la verdad

Ya está. Ya pasó. Una vez se acaba la Semana Santa, todo el implicado en proyectos que se acaban o evalúan en mayo/junio tiene claro que encara la recta final.

Lo que pase ahora puede marcar el futuro de muchos. Algunos, en relojfunción de lo que hagan, pueden tener la opción de cambiar todo lo que han hecho hasta ahora en el curso, año o temporada y conseguir el objetivo marcado. Otros no podrán. Si hasta este momento no han dado la cara y no han conseguido situarse en una posición mínima que le siga permitiendo conseguir su éxito, por más que estos dos meses consigan resultados excepcionales, estos se verán marcados por todo lo anterior. Si esto pasa y la persona quiere, no será un esfuerzo en vano, se producirá un aprendizaje de gran valor para futuros retos.

Los estudiantes se encuentran ante el final del curso que realicen. Sobre todo los que concluyen una etapa y ante todo los que terminan una etapa socialmente mediática. No es lo mismo acabar primaria que acabar el bachillerato. En una como mucho te preguntarán a qué instituto vas a ir y en la otra qué piensas hacer con tu vida ahora. Preguntas un poco diferentes.

En estos dos casos y en los otros posibles, ahora concluye un tiempo invertido y se verán unos resultados. No es una palabra que me guste utilizar en educación, principalmente porqué se tiende a pensar que los resultados son inmutables y se les otorga un poder que no tienen, se interpretan erróneamente.

Los deportistas, no los que prácticamente comienzan la temporada ahora, se encuentran en la misma situación. Las ligas colectivas están llegando a su fin. Los objetivos marcados en pretemporada por muchos pueden estar muy lejos (se supone que este caso se habrán redefinido) o ser aún posibles. El trabajo realizado hasta ahora, como siempre, hará más factible o menos que se hagan realidad.

Estudiantes, deportistas, empresarios y/o empresas que también se marcan objetivos para cumplir antes del verano (algo lógico por la estructura social en la que nos encontramos) todos, con sus variables, se encuentran en la misma situación.

Hayas hecho las cosas bien hasta ahora o las hayas hecho algo peor, se avecinan días de estrés, angustia, tensión, incertidumbre, nervios,… Y más si todo esto se interpreta como una amenaza.

Muchas veces nos olvidamos de que pase lo que pase, la vida sigue luego. Pase lo que pase tendré nuevos proyectos en julio/agosto/septiembre. Esa amenaza se hace más grande y nos impide ver más allá del horizonte.

Tal y como este ahora, ya no puedo cambiarlo. Si que puedo actuar en lo que haga de ahora en adelante y dependa de mi. Pues vamos allá. ¿Para qué perder el tiempo en si hubiera estudiado 1258234785694para aquel examen, si hubiéramos defendido en zona en aquel partido, si hubiese tirado aquel penalti de otra manera, si hubiera cambiado los términos del contrato con aquel cliente? O al contrario, alargando una situación de éxito en lugar de trabajar para volverla a repetir: ¡qué bien hice aquel trabajo! ¡Menos mal que hicimos aquella jugada y ganamos! ¡Cómo rematé aquel centro! ¡Qué gran cliente he conseguido!

Una vez reflexionado sobre esos aspectos y extraídas las conclusiones que me permitan una mejora en ambos casos, no vale la pena invertir más tiempo en ellos sin que haya una acción de mejora o cambio que los apoye. Esta pérdida de tiempo en un análisis poco productivo se da prácticamente siempre pero más en situaciones donde vemos un final.

Enfocar la situación como un final tampoco ayuda. Es cierto que en muchos casos lo es. Pero no es un punto y final, en algunos ni siquiera es un punto y aparte. Como he dicho antes, siempre que la persona quiera, se producirá un aprendizaje (a veces incluso sin querer) que podremos aplicar en situaciones futuras porqué habrá situaciones y proyectos futuros. Un final que me proporcionará un nuevo inicio. Por lo menos a mí me gusta más.

Esta recta final, esta hora de la verdad que la mayoría de nosotros encaramos ahora más que una amenaza es un reto, nuevo o no. Todo reto tiene sus riesgos es cierto. ¿Cuántas cosas en la vida no tienen riesgos? Pues, ¡a por ellos!